Diferencias

En ocasiones resulta difícil comprender los conceptos de ego y consciencia, entre otras cosas porque nuestra mente tiene ya una idea de lo que son, pero esa idea es demasiado ambigua, abstracta o limitada como para trabajar con ella de manera práctica y cotidiana. Así que vamos a ampliar y simplificar estos dos conceptos para que puedan ser entendidos, integrados y utilizados más fácilmente.

El ego es un mecanismo interno del ser humano que tiene la función de la supervivencia.

La consciencia es un mecanismo interno del ser humano cuya función es la evolución.

El ego, en principio, es inconsciente, automático y reactivo.

La consciencia, en principio, es consciente, voluntaria y es una acción.

El ego puede tranquilizar a corto plazo, pero estresa a medio y largo plazo.

La consciencia puede estresar a corto plazo, pero tranquiliza en el medio y largo plazo.

El ego es ancestral, se activa automáticamente en el mismo momento en que nacemos.

La consciencia es latente, hay que activarla voluntariamente a través de un proceso de aprendizaje.

El ego se convierte en el dueño de nuestras vidas y nos deja de lado.

La consciencia nos pide que seamos los dueños y protagonistas de nuestras vidas.

¿Qué es el ego?

El ego es un mecanismo interno que, desde tiempos ancestrales, se ha ido configurando para que podamos sobrevivir en el entorno, por lo que se adapta a las circunstancias y realiza aprendizajes que le ayudan a estar vigilante, lo que implica que siempre está alerta, por eso el ego siempre vive en estrés y lo necesita para sentir que está vivo y cumple su función, porque es un vigilante que nos hace sentir, pensar y reaccionar para mantenernos vivos. Si para sobrevivir, de niño, aprendí que tengo que ser servicial y no discutir nunca, esa actitud se convertirá en parte de mi ego y de mi manera de comportarme de adulto. Si, por el contrario, mi ego aprende desde niño que para sobrevivir tengo que estar siempre peleando, lo asimilará como una instrucción de su libro de instrucciones y se convertirá en parte de «mi forma de ser». Cualquier aspecto que mi ego vea que me sirve para sobrevivir (sobre todo en la infancia) lo convertirá en una instrucción, en un hábito, en una forma de ser. Por ejemplo, mi ego puede haber aprendido que para sobrevivir tengo que vivir en la culpabilidad, o en la agresividad, en la autoestima baja, en la prepotencia o en el miedo, y así pensaré, sentiré y me relacionaré, viviéndolo como «lo normal». La idea de supervivencia no debemos entenderla literalmente como «mantenerme con vida», también puede entenderse como «así evito que me riñan», «así nadie me juzgará», «de este modo no llamaré la atención», «así todo el mundo me prestará atención» o miles de maneras que el ego tiene de adaptarnos (insanamente) a un entorno.

¿Qué es la consciencia?

La consciencia es un mecanismo interno que está latente en cualquier persona, pero que no se activa hasta que el Ser Interior de esa persona decide que ha llegado el momento (generalmente a través de una crisis o una vivencia traumática). ¿Y cuándo llega ese momento? Cuando la persona está preparada para dejar de vivir en ego, cuando está preparada para dejar de vivir en automático. «¡Pero es que yo no vivo en automático, es que yo soy así!». Precisamente ese «yo soy así» es la automentira en la que se oculta el ego para seguir ocupando un lugar importante en la vida de la persona y no perder poder ni territorio. La consciencia, al buscar la evolución, tiende a pedirnos que nos salgamos de nuestras zonas de confort insanas, justo lo que el ego no quiere. ¿Qué yo me siento seguro en la culpabilidad? La consciencia quiere que salga de ella y desarrolle la virtud opuesta. ¿Qué yo me siento seguro en el egocentrismo? La consciencia me dice que salga de esa actitud y vaya viviendo en el lado sano, lo mismo ocurriría con otras zonas de confort emocionales o mentales insanas que podemos encontrar entre nuestras instrucciones, mandatos y creencias y que mediatizan inconscientemente nuestras vidas.

Ni buenos ni malos, sino todo lo contrario

Pero esto no implica ni que el ego sea el malo ni que la consciencia sea la buena, ya que, en realidad, ambos mecanismos deben convivir en nuestro interior encontrando su equilibrio, su justa medida. Así que tenemos que alcanzar la justa medida de ego y la justa medida de consciencia en cada momento y situación. Esta es la parte más difícil, porque si vivimos en automático todo el día, en realidad vivimos en ego y la consciencia queda desactivada. ¿Cómo no vivir en automático? Aquí es donde entra en juego la «metaposición» y la «voluntad consciente», dos herramientas que podemos aprender a manejar para que nuestra consciencia esté despierta y activa en el día a día. Estos dos conceptos los puedes ver desarrollados en los enlaces que te dejo aquí.

Estos son los conceptos básicos con los que hay que trabajar: ego, consciencia, metaposición y voluntad consciente. Con esto se empieza, el resto ya es práctica y aprendizaje y, si nos ponemos en manos de profesionales nos costará menos trabajo y menos tiempo.

 

José Antonio Sande Martínez

Terapeuta emocional, formador, escritor

Noray Terapia Emocional y Formación

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