
Los tres verbos
Si bien los tres verbos del título de este artículo se pueden analizar y entender de muchas maneras, en el presente texto los vamos a contemplar desde una perspectiva relacional y terapéutica, profundizando en cómo las tres acciones definen modos de relacionarse diferentes y cómo hacerlo de la manera más sana posible.
Vencer
En el campo de experiencia que supone pasar cientos de consultas cada año, es fácil encontrarse con personas cuyo motor interior se nutre de “vencer” a los demás, sea a través de argumentos, acciones, emociones o creencias. Su mente no entiende las relaciones de otra manera diferente al ganar o perder, vencer o claudicar, conmigo o contra mi o, dicho de otro modo, “si yo tengo la razón es imposible que tú la tengas, así que te voy a imponer la mía que es la buena”. A veces es sorprendente observar cómo hay personas cuya mente les lleva a pensar y sentir que es imposible no tener la razón en algo, o que puedan existir otras razones diferentes y, al mismo tiempo, acertadas, ya que si ellas están convencidas de algo, necesariamente tiene que ser cierto. Estas personas, sin saberlo, viven completamente abducidas y controladas por su ego, a veces agresivo, otras salvador, pero siempre directivo o impositor. Vencer es la única opción de vida, tanto para ellas como para los demás. En la película Las crónicas de Riddick hay un diálogo en el que se dice “convertíos o morid”, más o menos eso es lo que pretende una persona que pretende vencer a toda costa porque ella tiene razón y la otra persona está equivocada.
Convencer
“Convencer” es otra historia, ya que las estrategias que utiliza la persona que quiere convencer son menos agresivas e implacables, incluso aceptando que “no se puede convencer a todas las personas”. Convencer implica que el otro tiene razones, sus razones, y no por ello se establece un posicionamiento de “estas contra mí por pensar diferente”, al menos no tan rotundo como para el que quiere vencer. Convencer sería tratar de meterle al otro los argumentos en la cabeza para que cambie su punto de vista, su creencia (muchas veces con la justificación de que es por su propio bien). Esta actitud puede llegar a invadir la libertad del otro para ser, sentir o pensar como quiera.
Ofrecer
¿Y qué podemos contar del “ofrecer”? Si vencer y convencer nacen del ego, ofrecer lo hace de la consciencia. Se ofrece con el corazón, con la mirada, con las manos, con el cuerpo, pero no se obliga al otro a tomar las razones a la fuerza, sólo se intenta que tenga la posibilidad, ya que la otra persona lo recibe desde la libertad, no desde la imposición. En el ofrecer no hay invasión, sino un llamar a la puerta; tampoco existe un deseo de cambiar al otro, sino un acto de Amor en el que se acepta cualquier opción que el otro tome. Esto no implica que haya que compartir aquello del otro que nos afecta o nos intoxica, también quien ofrece puede hacer sus elecciones libremente.
Ofrecer es dar una opinión, un punto de vista, una solución, una escucha, una experiencia propia, pero sin obligar ni compremeter al otro a que la tome, se la aplique o la abrace.
En mi experiencia como padre, maestro y terapeuta, el ofrecer supera en éxito al vencer y al convencer, y no sólo eso, sino que perdura en el tiempo mucho más. “Vencer “ y “convencer” son estrategias basadas en el ego que busca imponer, controlar, determinar. En contraste, “ofrecer” nace de la consciencia y el desapego del ejercicio de poder, respetando la libertad del otro. ¿Se puede ofrecer más?
José Antonio Sande Martínez
Terapeuta emocional, formador, mediador familiar, escritor
Noray Terapia y Formación Emocional, Mediación Familiar